(publicado en la revista Año Cero, nº 107, junio 1999, páginas 94-98)
© Isabela Herranz
Para conseguir superar los defectos oculares por medios naturales es preciso construir hábitos de visión nuevos que reemplacen a los viejos. Al principio el avance es menos rápido y espectacular que una visita a la óptica, pero cuando se aprende el "yoga" de los ojos, este se convierte en una especie de instinto de conservación de los ojos y es permanente.
Cuando decidí empezar a mejorar mi visión, leí muchos libros sobre el método Bates. Creía erróneamente que el programa consistía en una serie de ejercicios y me limité a ponerlos en práctica, pero no conseguí mejorar mis problemas oculares. No comprendí hasta tiempo después que la clave para mejorar mi visión consistía en reaprender hábitos de visión a lo largo de todo el día.
Este testimonio de un hombre aquejado de defectos oculares, resultará familiar a muchas personas que en algún momento se han planteado mejorar su visión mediante gimnasia ocular. Al no conseguir la mejoría esperada acabaron resignándose a seguir enganchados a sus gafas el resto de sus vidas: no se habían dado cuenta de que para mejorar la vista de forma permanente es absolutamente necesario dejar de perpetuar los hábitos perceptivos erróneos, con frecuencia arraigados desde la infancia.
Reprogramar los malos hábitos
Sin duda, la construcción de hábitos de visión nuevos que reemplacen a los viejos es un proceso lento y difícil. Después de llevar gafas o lentillas durante muchos años algunas áreas del cerebro requieren una reactivación y eso no sólo lleva bastante tiempo, sino verdadero empeño y perseverancia.
Para llevar a cabo tal "reprogramación" hay que poner en marcha un programa de sanación mente-cuerpo que incluya ejercicio regular, técnicas para la reducción del estrés, reeducación postural y nutrición correcta. También será necesario incorporar algunas prácticas muy saludables y necesarias para el descanso de los ojos como sesiones diarias de palmeado, exposición al sol con los ojos cerrados, lavados con agua fría, auto-masaje facial, condiciones de luz adecuadas, reducción al máximo del uso de gafas o lentillas y sobre todo no exponer los ojos a periodos prolongados de estrés. Algunas de estas normas básicas de higiene visual se expusieron en el número anterior de Año Cero y puede aprenderse más sobre ellas en los libros recomendados. Si a todo lo anterior se incorporan los principios y hábitos que se enuncian brevemente a continuación la mejoría ocular será apreciable al poco tiempo.
Para obtener resultados deben practicarse conscientemente a todas horas hasta que se conviertan en hábitos inconscientes. Si se persevera en la tarea la sensación de que la vista se va reconquistando poco a poco se convertirá en una victoria sobre uno mismo y la visión del mundo podrá paladearse con "ojos nuevos". Sin duda, al principio el avance será menos rápido y espectacular que una visita a la óptica, pero cuando se aprende el "yoga" de los ojos, este se convierte en una especie de instinto de conservación de los ojos y es permanente.
Los tres principios de la visión
Cuando los órganos de la vista funcionan correctamente el individuo tiene la impresión de que todo lo que observa parece estar en movimiento. Así pues, uno de los mejores métodos para mejorar la vista consiste en imitar conscientemente el movimiento inconsciente de la visión normal: hay que habituarse a mover los ojos constantemente y a imaginar que todo lo que ve se mueve. Es el hábito de mantener los ojos fijos lo que perjudica la vista. Si se corrige mediante un movimiento ocular continuo la vista mejora (ver recuadro).
La centralización es el segundo principio de la visión natural. El ojo humano sólo puede ver un punto con claridad a la vez, por tanto es imposible ver con claridad sin centralizar. Cuando la visión es imperfecta, los objetos que no se observan pueden verse mejor, pero cuando la persona tiene centralización normal y visión normal, sólo el objeto central se distingue con claridad, mientras que los objetos periféricos se ven con menor claridad y color. Si miramos por ejemplo una silla, no debemos intentar verla de golpe; primero hay que mirar el respaldo, viendo esa parte mejor y las otras partes peor. Hay que acordarse de parpadear a medida que se mueve la mirada del respaldo al asiento y las patas, viendo cada parte mejor sucesivamente. Si quiere aprender a centralizar correctamente constrúyase un "halo" y así corregirá permanentemente el hábito inconsciente y automático de no centrarlos (ver recuadro).
La relajación es el más importante de los tres principios de la buena visión porque los dos anteriores se basan en él. Si no aprende a centralizar y a mover los ojos correctamente difícilmente podrá relajarlos, ya que el ojo normal sólo descansa cuando se mueve y "centraliza" continuamente y sin esfuerzo.
Para conseguir tal relajación muchas personas tienen que modificar hábitos de vida incorrectos. El masaje facial diario y la práctica de la meditación, el hatha yoga o cualquier otra técnica de relajación ayudan a eliminar la tensión creada por muchos años de hábitos de visión estresantes, pero para conseguir resultados también es preciso incorporar los tres hábitos de la visión natural que se indican a continuación: contornear, respirar y parpadear.
Los tres hábitos de la visión natural
Estos hábitos se relacionan con los tres principios de la visión: movimiento, centralización y relajación. Inicialmente se tendrá la impresión de que están separados entre sí, pero a medida que se van integrando esta sensación desaparece.
El primero de estos hábitos es contornear. Su práctica continua permite eliminar el hábito de "mirar fijamente" -una de las causas de la mala visión- ya que acaba por convertirse en un hábito automático. Para hacer los contornos o perfiles de los objetos se utiliza un lápiz (pluma, pincel o rayo láser) imaginario colocado en la punta de la nariz, y de esta forma se puede "contornear" el mundo todo el día (ver recuadro).
El segundo hábito de la visión natural es respirar. La respiración abdominal es básica y esencial para la salud y para la vista normal. Si no se respira correctamente puede aprender a hacerlo mediante hatha yoga o con la técnica Alexander que ayuda a desaprender los malos hábitos posturales y respiratorios arraigados.
Por último, es preciso parpadear con regularidad. Muchas personas no lo hacen así porque están bloqueadas por sus emociones o sus miedos, ya que lo normal es parpadear cada cinco o diez segundos. Si se parpadea conscientemente todo el día esta práctica acaba por convertirse en un hábito inconsciente que permite ver de forma natural y clara.